EL SANTO GRIAL EN ARGENTINA

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Por Marco Bustamante / @aquimarco

En la que se convertiría en su última entrevista concedida a un medio de comunicación, el presidente de la desparecida fundación Delhpos, el ingeniero Fernando Fluguerto Martí, habló de todo con nuestro diario. El misterioso estudioso, fue un divulgador de la historia no-oficial de los templarios en nuestro país y un nacionalista esotérico. Se presentaba como un discípulo del Profesor Guillermo Terrera -un polémico personaje- y creía encarnar la persona indicada que debía heredar, tras la muerte del abogado en 1998, el famoso Bastón de Mando de los comechingones. Eso nunca sucedió. Recibió a Crónica unos días antes de fallece en su oficina de Plaza San Martín. Llevaba años preparándose para un encuentro cara a cara con la pieza clave del cristianismo. Era muy reservado y no brindaba demasiados detalles sobre su posición en el sur argentino, excusándose en la obligación de preservar el secreto.

El Grial en el Golfo de San Matías

Según Martí, los miembros de la Orden del Temple fueron los encargados de custodiar el Cáliz Sagrado, el mismo que Jesús utilizara en la Última Cena y en el que luego José de Arimatea recogió las gotas de sangre y agua que manaban del cuerpo de Cristo al bajarlo de la cruz.

Según el investigador, el Grial estaría físicamente ubicado en una ciudad subterránea bajo la meseta de Somuncurá, en el sur de nuestro país, a unos mil metros de profundidad y protegida por miembros de la Orden que tienen contacto con la superficie a través de túneles ascendentes y descendentes.

En la superficie de la meseta es posible encontrar unos pozos que aspiran y expiran aire en ciclos de 36 horas. Resulta muy particular el hecho de que el aire expirado tiene una muy baja temperatura y una alta humedad, lo que indicaría que estos pozos están en contacto con el mar, distante cientos de kilómetros de la meseta. Además, el ciclo de 36 horas estaría ligado a la interacción de las mareas de ambos océanos.

Según Martí, en uno de estos viajes tuvo el primer contacto con los caballeros templarios encargados de la custodia del Santo Grial. Uno de ellos, se acercó a elllos, conociendo los estudios que estában haciendo en la región. Con el tiempoo fueron varios otros, siempre bajo juramento de respetar el secreto de su identidad. El ingeniero murió sin saber dónde está la entrada a los túneles que llevan a la ciudad. Tenia la esperanza que en algún momento le dieran esa información.

Una de nazis y vikingos

En un artículo publicado por el matutino “La Voz” de Córdoba, se menciona el origen de la historia de los templarios y su llegada al continente americano antes que Colón. Esa fuente revela que fue el ex oficial francés de las Waffen SS, Jacques de Mahieu fue el primero en mencionar la posibilidad.

La nota lo describe como un fugitivo de la Justicia francesa, De Mahieu recaló en la Argentina a principios de los años ’50, y aquí se dedicó a desarrollar su profesión para tiempos de paz. Era antropólogo y sociólogo, y en los años siguientes trabajaría en las universidades de Buenos Aires y Cuyo, y como profesor invitado en la de Córdoba, desarrollando ideas racistas a las que llamaba biopolítica.

En 1974 empezó a publicar una serie de trabajos, resultado de 25 años de investigación, donde proponía que los primeros en llegar a América antes del año 1000 habían sido los vikingos. Según él, se habían asentado en Centroamérica y bajado hasta la actual Bolivia, y al regresar a Europa, a comienzos del siglo XII, los templarios se habían apoderado de sus mapas, con los que habrían llegado al continente casi 250 años antes que Colón.

En América, según De Mahieu, los templarios habrían explotado minas de plata con las que financiaban la construcción de catedrales en Europa, y en 1314, cuando perdieron el favor papal, habrían traído hasta aquí los tesoros que dos siglos antes, durante las Cruzadas, habían rescatado del templo de Jerusalén.

Jacques de Mahieu, uno de los pioneros de esta historia, acabaría su derrotero intelectual en el peronismo, a principios de los años ’70. Dirigía la Escuela Superior de Conducción Peronista; había redactado, a pedido de Perón, los Fundamentos de la Doctrina Nacional Justicialista; le había encontrado “pasta de líder” a Rodolfo Galimberti, y en 1989 participaría activamente de la campaña presidencial de Carlos Menem. La semilla que había sembrado sobre los templarios en América no tardaría en empezar a germinar.

2 Comentarios

  1. Hace muchos años cursé algunas cartas con el Ing. Martí, yo de joven había hecho una veintena de temporadas de exploración en el macizo de Somuncurá y conociendo el lugar sus publicaciones llamaron mi atención.
    El Ing. Martí era un errante casi como aquellos exploradores del siglo XVIII, y un escriba, el sabía mucho más de lo que decía incluso a sus allegados y tenía teorías que por interesantes podrían haber dado lugar a toda una enciclopedia de datos y maravillas, tal vez algún día alguien recupere sus notas del olvido.
    No estaba de acuerdo con él en muchos asuntos, especialmente en aquel que indicaba que la prueba de la presencia del Temple en Patagonia residía en una loza de piedra con una cruz grabada en ella, es que lozas como esas las hay en toda América y solían ser una suerte de lápidas en enterratorios de viajeros europeos.
    De hecho su hallazgo fue importante pero el retirarla de su lugar silenció para la historia los restos que señalaban, quién sabe tal vez los de algún caballero en su armadura.
    Sus apuntes sobre el Grial resultaban una candela mágica para el imaginario de una de las historias más contadas en la cristiandad por dos milenios, y muchos lo criticaban por ello sin respetar su libertad de creencia y pensamiento.
    La verdad es que Somuncurá esconde muchos secretos, su geografía dura que a veces parece asemejarla a la superficie de otro planeta no era así hace 5 siglos y en muchos de sus rincones se pueden encontrar antiquísimas manifestaciones no solo de los pueblos originarios sino además de restos construcciones basadas en mampostería, tejas y encabriados propios de la Europa pre colonial en las que ocasionalmente se encontraban restos de piezas metálicas forjadas.
    Algunos apuntes en archivos del “viejo mundo” hablan de poblaciones en tal o cual legua, dan distancias desde el mar, marcan senderos por entre los roquedales y hasta hablan de una red de fortificaciones ayudadas por la topografía del terreno.
    Pero una de las manifestaciones más significativas del macizo de Somuncurá son una serie de enormes geoglifos solo comparables con los más meridionales del continente que se encuentran mucho más Sur en la provincia de Santa Cruz y cuya edad y entorno son un misterio hasta nuestros días.
    El Grial ha ocupado los lugares mas inverosímiles alrededor del planeta, solo en Patagonia se lo ha ubicado en una docena de sitios.
    Pero el tiempo todo lo devora, nos atraviesa inexorable en medio de la enfermedad por la digitalización del mundo y la creciente sordidez científica que no se aventura a lo desconocido sin antes disponer de los honorarios de acuerdo a su nivel y currículum.
    En Patagonia las poblaciones, infraestructura, explotaciones mineras y petroleras y el clima entre otras cosas ya han hecho desaparecer para siempre reliquias del pasado que pudieron habernos contado historias fascinantes de nuestro pasado.
    Lo que aún queda, tal vez deberíamos dejar que permanezca allí oculto porque de seguro los buscadores de souvenirs se verían tentados a llevárselo a sus bolsillos.
    Es seguro que la virtud en ello, como en el Grial, no está en encontrarlo sino en cómo lo buscamos.-

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